22 de marzo de 2026

Verde Esquina

Verde Esquina es el nombre de un paraje del municipio de Almendra del Pan. Dicho paraje es una pequeña península junto al Embalse de Ricobayo. Como nunca habíamos estado allí nos pareció que podía ser un buen lugar para llegar a él en nuestras bicis, y así lo hicimos esta mañana. 

Hoy, antes de iniciar la ruta, tuvimos que solventar un problema técnico en el cambio de una bici. Una vez resuelto nos dirigimos al Puente de Piedra, donde habíamos quedado con otro biker. En total éramos solo tres los que habíamos confirmado la presencia. Nos dio pena por los que no pudieron acudir porque la mañana no podía ser más preciosa: había 7º y, ni viento apreciable, ni una nube en el horizonte. 

Después de cruzar el Puente de Piedra seguimos hacia Los Pelambres y el Puente de los Poetas. Tras cruzar este seguimos hasta la Carretera de Almaraz aunque solo para pasar al otro lado y así tomar el llamado Camino de Valbueno, por el que recorrimos unos dos kilómetros ascendiendo. 


Sin transición ninguna, una vez terminada la subida comenzó un descenso bastante inclinado hacia Guimaré, ese paraje tan conocido y entrañable para todos los zamoranos (de cierta edad).


En menos de quinientos metros descendimos todo lo ganado en los dos kilómetros anteriores, así de ingratas son las cuestas... La bajada desembocó en un camino al que nos unimos girando a la derecha. Por él cruzamos todo Guimaré. Después de la fuente nos dirigimos de nuevo hacia la derecha hasta llegar a la N-122.


Cruzamos la carretera y seguimos por el camino que, en paralelo a la N-122, va hasta la gasolinera ascendiendo suavemente.


Al terminar la gasolinera accedimos a la carretera, hicimos la primera rotonda y en el giro de la segunda nos desviamos ligeramente a la derecha para continuar por un camino que, primero va en paralelo a la Variante de Zamora, pero enseguida hace un giro a la derecha. Menos de un kilómetro después de ese giro nos desviamos de nuevo a la derecha para tomar el llamado Camino de Palacios, pero solo para recorrer por él como un kilómetro.

Y es que al llegar al Camino del Monte nos incorporamos a él hacia la izquierda, entrando así en esa larga recta caracterizada por varios pliegues continuados. 


Un día más el campo mostraba un aspecto formidable. En esa zona, en la que se cultivan fundamentalmente cereales, el verde lo invadía todo y daba verdadero gusto mirar hacia cualquier dirección.


Después de algo más de dos kilómetros y medio la recta terminó en un camino perpendicular en el que nosotros continuamos hacia la izquierda. Ascendimos a lo largo de unos cientos de metros y llegamos a una encrucijada de caminos donde nosotros seguimos por el que desciende hacia la Dehesa de Palomares.


El descenso era merecido porque desde que habíamos salido de Guimaré no habíamos parado de ascender. Pero el relieve es muy ingrato, y nada más terminar la bajada comenzamos a subir de nuevo para cruzar la dehesa. 

Y no fue una subida corta, no, porque se alargó cuatro kilómetros, pero siendo sinceros hay que decir que es tendida y se rueda bien. Además, hoy contábamos con buenas vistas, sobre todo a nuestra izquierda.



Al terminar la cuesta hicimos un doble giro a izquierda y derecha en poco trecho. Después del segundo enfilamos una recta de tres kilómetros en la que nos sorprendió encontrar una plantación de colza con muchas plantas ya florecidas  (normalmente lo hacen en abril).


Antes de terminar la recta comenzamos a descender y poco después continuamos bajando tras una cerrada curva a la izquierda. El camino y la bajada terminaron al unísono al llegar a la carretera de entrada a Valdeperdices. 

Seguimos por esta hacia la izquierda unas decenas de metros y nos desviamos hacia el lado contrario entrando así en un camino de servidumbre entre dos fincas casi comido por la vegetación.


Este nos llevó hasta otro camino por el que continuamos hacia la izquierda y a su vez por este llegamos enseguida a la carretera que va a El Campillo. Nos incorporamos a ella con dirección a ese pueblo y recorrimos poco más de un kilómetro disfrutando de ese rodar suave de las ruedas sobre el asfalto.


Pero lo nuestro son los caminos, así que después de ese tramo nos desviamos a la izquierda para seguir por uno por el que recorrimos como tres kilómetros prácticamente en paralelo a la carretera. 


El último tramo fue perpendicular a esa y terminamos cruzándola para continuar de frente otro tramo. Este terminó al cruzarse con otro camino perpendicular. Nosotros continuamos por la opción de la izquierda. Tras una pequeña subida comenzamos a descender. 

En el siguiente cruce de caminos seguimos hacia la izquierda de nuevo, iniciando así la bajada final hasta el objetivo de nuestra ruta. Descendimos un kilómetro por un camino en buenas condiciones y con el embalse frente a nosotros. 


Al llegar abajo comprendimos que el camino estaba bien conservado y pisado porque junto a las aguas del embalse se encuentra una pequeña estación de bombeo de agua, de ahí que también hubiera postes eléctricos hasta prácticamente la orilla. 


Desde la pequeña península las vistas que podíamos contemplar eran las siguientes:

Hacia nuestra izquierda (noroeste): 


De frente, hacia el este: 


Y hacia la derecha (suroeste) pudimos contemplar el llamado Alto del Castillo, una ladera en pendiente hacia el embalse salpicada de encinas. 


Siendo este el objetivo de la ruta era el lugar perfecto para hacernos un selfie que dejara constancia de que habíamos estado allí. Cierto es que sin nosotros el paisaje gana bastante, pero es lo que hay...


Terminada la sesión fotográfica nos volvimos a montar en las bicis y no nos quedó otra que desandar el camino, es decir, subir todo lo descendido. 


Volvimos a rodar dos kilómetros por los mismo caminos que lo habíamos hecho unos minutos antes. En un momento de la subida miramos a nuestra izquierda y nos encontramos a estas dos preciosas encinas rompiendo la monotonía de ese campo de cereal. El verde de una y de las otras no podía ser más intenso.


Después de esos dos kilómetros repetidos continuamos de frente por el llamado Camino de la Era y comenzamos a descender hacia la localidad de Almendra del Pan. En dicho camino nos encontramos con una multitud que estaba esperando nuestro paso aunque, finalmente, fuimos nosotros los que paramos y las observamos al pasar.


Unos cientos de metros más adelante, a nuestra izquierda pudimos disfrutar de una buena vista del embalse.


Como íbamos rápidos bajando, enseguida llegamos a la entrada de Almendra, si bien solo tocamos un lateral del pueblo.


Salimos de él por una cuesta corta pero muy empinada que nos condujo hasta la carreterita local que une esta localidad con Valdeperdices.


Por ella seguimos el kilómetro que nos separaba de ese pueblo y no solo por asfalto, sino que encima era cuesta abajo.


Entramos en Valdeperdices y recorrimos algunas de sus calles hasta llegar a un pequeño arroyo. Cruzamos este y comenzamos a ascender por un camino que nos fue alejando del pueblo.


Este nos llevó hasta la carretera que va desde esta localidad a Andavías. Tras superar la infernal cuesta inicial nos enfrentamos a una larga recta "adornada" con varios sube y bajas.


Después de casi un kilómetro y medio por esta carreterita nos desviamos a la izquierda para seguir por un camino que, descendiendo, nos llevó hasta la orilla del embalse frente a Andavías. Se trataba de hacer una incursión en esa zona, pero no estaba demasiado bonita, así que ni nos bajamos de las bicis y con las mismas nos dimos la vuelta y regresamos al punto donde habíamos abandonado la carretera. 

Al llegar a esta continuamos por ella otros dos kilómetros tras los que ya abandonamos definitivamente el asfalto haciendo un giro de noventa grados a la derecha. Tras una bajadita inicial se fueron sucediendo varias subidas largas y bajadas cortas a lo largo de unos tres kilómetros. 


Después comenzamos a descender hacia un extremo de Palomares. Tocamos la dehesa tangencialmente, giramos a la izquierda y subimos de nuevo para enseguida comenzar una bajada larga hacia las cercanías de La Hiniesta.


Antes de entrar en el pueblo tuvimos que cruzar dos pequeños túneles, uno bajo las vías del AVE y el otro bajo la carretera. 

Ya en esta localidad nos incorporamos a la carretera que la cruza. Después de pasar junto a la iglesia no pudimos por menos que girarnos para hacerle una foto a su magnífico pórtico.


Desde La Hiniesta continuamos por el camino habitual que se sigue hacia Zamora, hoy adornado con bonitas vistas, sobre todo a nuestra izquierda. 


Después de pasar bajo un viaducto de la Variante de Zamora y rodar unos cientos de metros por la Carretera de La Hiniesta, llegamos a la antigua carretera por la que seguimos. Pero muy poca distancia porque como trescientos metros después giramos a la izquierda para iniciar la subida hacia una elevación llamada Santa Elena. 


Tras superar dos rampas cortas pero intensas la subida se suaviza. A mitad de esta un cartel indica Mirador y nos acercamos a este. Desde él hay una buenísima panorámica del Prado de Valderrey, hoy convertido en Campo de Golf. 


Regresamos al camino, terminamos de subir, cruzamos la Carretera de La Hiniesta y continuamos por la salida para peregrinos estrenada hace unos meses. Por esta seguimos hasta la Cruz del Rey don Sancho, donde nos incorporamos a la carretera. En la cercana rotonda nos dirigimos hacia Cardenal Cisneros y en la siguiente rotonda ya nos pudimos incorporar al carril bici por el que recorrimos, prácticamente, de punta a punta esta avenida (tres kilómetros). 


Siendo sinceros hay que decir que a la altura del Parque León Felipe realizamos una parada técnica para repostar líquidos en la terraza del Hotel Okelo. ¡Y cómo se estaba allí...! Y es que a esas horas había 16º, está claro que ya estamos en primavera. No nos demoramos mucho y en cuanto terminamos las consumiciones nos dirigimos al punto desde donde habíamos partido para cerrar así la ruta. 





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