Hay un pequeño río en nuestra provincia de tan solo 32 km de longitud que sirve como drenaje de las Lagunas de Villafáfila y que debe su nombre a que tiene un alto contenido en sales. Estamos hablando del río Salado, afluente del Valderaduey. Hoy hemos ido a buscarlo y hemos rodado junto a él.
Los cuatro bikers que íbamos a participar hoy en la ruta nos encontramos en el lugar habitual a las 9.30 h. En esos momentos el cielo había sido tomado por nubes grises y la temperatura era de 14º.
Para llegar a nuestro destino comenzamos recorriendo el carril bici siguiendo las márgenes del Duero y del Valderaduey.
Abandonamos este para cruzar la N-122, así como el trazado del AVE y la A-11 y continuamos por el itinerario habitual que se sigue para ir a Molacillos: un primer tramo de algo más de cuatro kilómetros que van picando ligeramente hacia arriba.
Y un segundo, tras un giro a la izquierda, algo más corto que el anterior y que discurre por el antiguo trazado de una carretera.
Cuando llegamos a Molacillos la temperatura había descendido dos grados, se fue a los 12º, y el cielo seguía tristón. Ya en el pueblo pudimos comprobar que la torre de la Iglesia de San Martín seguía encorsetada por los andamios y también parte del resto del templo.
A la salida del pueblo tomamos un camino que parte a la derecha de la carretera. Nos enfrentamos a una larga recta con un ascenso muy poco pronunciado pero constante.
Terminada esa recta, tras dos cambios de dirección, seguimos por otro tramo que nos dejó a las puertas de Benegiles, solo tuvimos que cruzar el puente sobre el río Valderaduey para entrar en él.
Enseguida giramos a la derecha para seguir por un lateral del pueblo, en concreto por un bonito paseo que va en paralelo al río.
Terminamos de atravesar esta localidad al salir a la carretera de Villalpando. Seguimos por ella unos cientos de metros y la abandonamos girando a la izquierda.
Entramos de nuevo en un camino, poco más adelante giramos a la derecha y comenzamos a ascender junto a un pinar y una chopera, aunque enseguida desapareció el arbolado.
Ascendimos a lo largo de más de un kilómetro. Terminada la subida el terreno evidenciaba que por allí había llovido más que en la capital, y se corroboró esta impresión con algunos charcos que fuimos encontrando.
Un giro de noventa grados ayudó a hacer justicia porque comenzamos a descender parte de lo subido. Y lo hicimos por una recta. Al terminar esta giramos a la izquierda y unos metros más adelante nos encontramos con el cauce del río Salado. Este lo encontramos lleno de carrizos y junto a ellos nos topamos con un numeroso grupo de asnos de la raza autóctona zamorano-leonés.
A partir de ese punto comenzamos a rodar en paralelo al río a lo largo de unos seis kilómetros. En este tramo fuimos muy cómodos porque tendía ligeramente hacia abajo y se notaba.
Hacia la mitad de este tramo, a la altura de Torres de Carrizal, vimos un puente junto al camino. Paramos para asomarnos a ver si el río llevaba agua y pudimos comprobar que sí, poca pero sí.
Y allí, junto al cauce del Salado, nos pareció que era el lugar indicado para hacerse un selfie.
Los últimos metros de acompañamiento del río los hicimos bordeando el promontorio del denominado Teso La Mora. Finalmente, terminamos en la carretera de Villalpando. Seguimos por ella lo justo para pasar sobre un puente sobre el río Salado y nada más terminar este giramos a la derecha para volver a rodar por tierra.
El camino nos llevó hasta la entrada de Torres de Carrizal. Salimos a la carretera pero antes de entrar en el pueblo otro cambio de dirección nos introdujo en una enorme recta, en la que la primera mitad fue de subida y la segunda de la correspondiente bajada.
Mirando hacia los lados nos íbamos encontrando estampas propias de este tiempo, campos de cereales cosechados y otros, en este caso de girasol, aún sin haber sido recogido.
La recta se terminó y nosotros continuamos hacia la izquierda. Tras otro tramo lineal nos desviamos hacia la izquierda y comenzamos a ascender una loma.
Tras un primer tramo de subida, hubo otro con una inflexión y un tercero con un ascenso más duro que nos llevó hasta unos aerogeneradores. Superados estos nos encontramos con una vista muy bonita pese al mal día y una espectacular bajada.
En esta llegamos a ver en nuestros GPS más de 50 km/h, más adelante, tras una curva a la derecha se suavizó algo pero continuamos bajando hasta que llegamos a la entrada de Monfarracinos.
Entramos en el pueblo y en nuestro recorrido por varias calles pasamos junto a la plaza dedicada al doctor Sánchez Bermejo y junto a la de la iglesia. Desde allí continuamos adelante y tras varios cambios de dirección salimos del pueblo.
Poco más adelante llegamos a la rotonda que hay frente a la gasolinera, cruzamos al otro lado y continuamos por un camino. Este nos llevó hasta otro de mayor importancia al que nos unimos hacia la derecha.
Siguiendo por este llegamos a la A-66, que atravesamos por un pequeño túnel, y continuamos hacia Zamora por otra recta, con su primera mitad de tierra y su segunda asfaltada. Nos llevó hasta el barrio de Las Llamas, que atravesamos antes de salir a la carretera de Villalpando.
Por esta seguimos menos de un kilómetro, lo que nos separaba de la plataforma que cruza el trazado ferroviario junto a la Estación de Zamora. Utilizamos esta para pasar al otro lado y nos dejó en Las Viñas.